DOMINGO FONTÁN EN LA UNIVERSIDAD COMPOSTELANA

La documentación contenida en esta web tiene TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS, para su distribución y/o comunicación pública por parte de personas ajenas a la Fundación póngase en contacto a la misma.

El día 1 de Julio de 1837, en sesión parlamentaria del Congreso de los Diputados se discutía el Proyecto de Ley del Gobierno sobre suspensión de diezmos, al que Fontán se oponía y afirmaba que de los 3.000 curatos existentes en Galicia, eran poquísimos los que dejan de tener iglesiario o casa rectoral, es decir un terreno contiguo a la casa o iglesia parroquial y aseveraba:

 

“En el país a que yo me refiero, hay algunos curatos de esta especie, hablo del antiguo reino de Galicia; y lo se tanto más razón, cuanto debo mi educación a un cura tío mío que no tiene ni iglesiario ni casa rectoral…”

 

Fontán se refería a su tío materno Sebastián Rodríguez Blanco (Santa María de Portas 20-I-1761 – Noya 14-III-1843), quien el 29 de Marzo de 1800, obtuvo por concurso y examen el curato de la iglesia de San Martín de la Villa de Noya y el 2 de Abril de ese mismo año, el de Santa María del Obre que como bien decía Fontán en las Cortes, eran de los pocos que carecían de iglesiario o casa rectoral. Inconveniente que remedió Sebastián adquiriendo en compraventa el 2 de Octubre de 1800, la casa que hoy es  Mercado de Abastos de dicha Villa, con entrada principal por la calle del Hórreo, hoy del Curro, que contaba con una amplia huerta en su parte posterior lindando al mar, hoy Malecón de Cadarso, casa ésta contigua a la de su pariente Lorenzo Blanco.

 

Sebastián, establecido en Noya, a pesar de que Fontán según afirma en su autobiografía era hijo de “padres de no escasa fortuna”, se hizo cargo de la educación tanto de Domingo como de la de su hermano mayor Andrés (Porta de Conde 30-XI-1785 – Fábrica de Papel del Castro, Lousame, Noya 30-III-1861), hecho muy común en la Galicia rural de entonces; también José Rodríguez González, el maestro de Fontán, comenzó su educación en el Colegio de Monforte gracias a un tío eclesiástico.

 

Domingo a los 12 años empezó en la Universidad de Santiago el 1er. año de Artes o Elementos Matemáticos en el curso de 1800-1801, que  comenzó en la festividad de San Lucas, celebrada el 18 de Octubre.

 

El curso de Artes o Filosofía, según el Plan Aranda de 1771, aprobado para la Universidad de Santiago de Compostela en 1772, dividía los estudios: en Artes o Filosofía, Teología, Cánones, Leyes, Medicina, y dentro de dichos estudios de Artes se encontraba la Aritmética, Álgebra, Geometría y Física Experimental.

 

El 21 de Mayo de 1802, terminó el segundo año de Filosofía en el que se impartía Lógica y Metafísica, obteniendo en esa fecha grado de Bachiller en Artes y en 1803 el tercer curso en el que se enseñaba Física.

 

Aprobados estos tres cursos, se matriculó en Teología en 1804, estudiando las tres partes de la Summa Totius Theologiae de Santo Tomás de Aquino hasta 1807, que entró en vigor el Plan de Estudios de Caballero. Esos estudios de Teología escolástica, dotó a Fontán de la dialéctica de la que hizo gala en el Congreso de los Diputados.

 

En 1807, estudió la lengua Hebrea, Cátedra ésta destinada a los teólogos, también en estos años de 1804 a 1807 asistió a la Academia de Teología de Santiago.

 

El 2 de Mayo de 1808, comenzó con el levantamiento del Pueblo de Madrid la llamada Guerra del Francés que después se denominó Guerra de la Independencia.

 

La Coruña fue la primera de las capitales del antiguo Reino de Galicia en levantarse contra los franceses, creándose la Junta Suprema del Reino de Galicia. En Santiago el 30 de Mayo llegaron las noticias del levantamiento de La Coruña.

 

El 2 de Junio de 1808, se crea el Batallón Literario de la Universidad de Santiago de Compostela iniciándose el alistamiento de los voluntarios.

 

El 11 de Junio, se le entregó la bandera que fue bendecida solemnemente. José Dionisio Valladares Gómez, amigo de Fontán y colaborador de su Carta Geométrica fue el abanderado o portador de la misma. Surgieron  desavenencias provocadas por los alumnos hidalgos, que pretendían según sus privilegios de clase formar parte de la oficialidad, se decidió la cuestión nombrando a todos sus componentes cadetes y los grados superiores de subteniente y tenientes a los licenciados y doctores.

El Batallón compuesto de 1200 cadetes, divididos en seis compañías, salió de Santiago el 18 de Julio de 1808, camino de Bembibre, León, donde se incorporó a las tropas del Brigadier Joaquín Blake quien el 22 de Septiembre de 1808, despidió a 352 cadetes por “falta de buen ánimo”.

 

El Batallón Literario intervino en la toma de Bilbao y en las batallas de Durango, Balmaceda, Espinosa de los Monteros batalla ésta desarrollada los días 10 y 11 de Noviembre de 1808, donde Blake y sus tropas fueron derrotadas.

 

Llegado el 28 de Noviembre de 1809, se da la Batalla de Alba de Tormes, el Batallón Literario de la Universidad de Santiago, al haber perdido gran parte de sus efectivos se encontraba integrado en la 2ª división mandada por el Mariscal de Campo Conde de Valverde, con el nombre de Voluntarios de Santiago.

 

Ese día el Ejército Español llegó a Alba de Tormes; imprudentemente, de las cuatro divisiones de las que se componía, solo la 3ª y la 5ª cruzaron el puente, acampando en la ciudad a la derecha, la 1ª y la 2ª división se estacionaron al otro lado, a la izquierda del largo y estrecho puente sobre el río Tormes.

 

En esta situación la caballería francesa atacó a los acampados a la izquierda, la caballería española no pudo resistir la carga, teniéndose que enfrentar a ella los infantes que fueron pasados a cuchillo, así alcanzaron la gloria los heroicos Voluntarios de Santiago y sus camaradas de los regimientos de Unión, Orense, Betanzos, Aragón, León y 1er. Batallón de Barcelona compuesto principalmente por soldados gallegos.

 

En esa Batalla destacó José Dionisio Valladares, perteneciente entonces al Regimiento de Zamora, quien junto a otros infantes, formó cuadros que detuvieron a los franceses y permitió, caída la noche, el paso de las maltrechas tropas españolas  por el embudo que constituía el puente.

 

En Sevilla: Imprenta Real 1816. El teniente de infantería de Monforte, Ramón Navoa publicó un poema épico dedicado: “A los valientes guerreros del ejército de la izquierda a su magnánimo y sabio general el Excmo. Sr. Don Gabriel de Mendizábal en memoria de la acción de Alba de Tormes”, del que recogemos estos versos:

 

“… Vi la orfandad, vi la viudedad llorando

volver a la Galicia presurosa

a llevar a la madre y a la esposa

y a la hija infeliz la triste nueva…”

 

Aniquilado el Batallón de Voluntarios de Santiago en 1810, a los últimos cadetes que sobrevivieron, se les envió al Colegio Militar de Valencia de Alcántara como profesores.

 

Sin embargo, ni Domingo Fontán ni su hermano Andrés, en ese mes de Junio de 1808, se ofrecieron como voluntarios del Batallón Literario de la Universidad de Santiago.

 

En el Archivo Histórico de esa Universidad (libro de matriculados en 1806-1807 y 1808-1809, páginas 123 y 139) Serie Histórica, expediente personal de Domingo Fontán nº 26, caja 4.208, entre los matriculados en el curso de 1808-1809 vemos los siguientes registros:

 

“Cátedra de Sagradas Escrituras, Catedrático el Lectoral de esta Santa Iglesia”.

“ 3 Domingo Fontán, hijo de Rosendo y Sebastiana Rodríguez, natural de Santa María de Portas este Arzobispado, edad 20 años, declarado inútil” (página 139).

 

En el mismo libro también se encuentra registrada la matrícula de su hermano Andrés.

 

“Cátedra de Historia y Elementos de Derecho Español, Catedrático sustituto, Doctor Manuel Junquera”

“3 Andrés Fontán, hijo de Rosendo y Sebastiana Rodríguez, natural de Santa María de Portas en este Arzobispado, edad 22 años, declarado inútil”

 

Cuando a Fontán le correspondió someterse a sorteo para el reemplazo del ejército fue en 1805, al cumplir los diecisiete años de edad, con los demás mozos del padrón de vecindarios de su lugar de nacimiento inscritos en el alistamiento para cubrir el cupo a él asignado por sorteo, ello según la Real Ordenanza de Reemplazos del Ejército de 27 de Octubre de 1800, que fijaba un servicio de ocho años desde la citada edad de diecisiete años a los treinta y siete.

 

Precisamos, que los reemplazos del ejército o reclutamientos se efectuaban por decisión regia, ya que no tenían una cadencia anual, ni unas fechas fijas, según expresa con claridad el artículo IX de la Ordenanza:

 

“Cuando yo tenga por conveniente mandar se haga el reemplazo del ejército, se comunicará por el Ministro de la Guerra a los Intendentes la Orden conveniente y al mismo tiempo el número de reemplazos que según el vecindario útil  para este servicio cupiera en la provincia de cada uno.

 

El Intendente hará publicar inmediatamente en la capital, la orden para el reemplazo y repartirá el cupo de la provincia en los pueblos de ella a proporción del vecindario y cuanto sea el contingente de cada pueblo...”

 

Como vemos, Domingo y su hermano Andrés fueron declarados inútiles, tal declaración se efectuaba excluyendo de la lista de alistamiento a los notoriamente inútiles conocidos como tales en la localidad de vecindad o residencia en presencia de todos los mozos, antes del sorteo se efectuaba el llamado juicio de excepciones recogidos en la Ordenanza, que en el  artículo XXVIII señalaba:

 

“Si alguno alegare accidente o achaque habitual que para el servicio le haga inútil, será reconocido por peritos jurados y fidedignos; y a presencia de los otros mozos, se averiguará si es cierto el hecho, y se declarará la excepción. Por lo cual llamará la justicia y peritos, profesores de Medicina o Cirugía para que asistan dos o hubiere proporción a este acto…..

 

La legalidad de dicho reconocimiento médico estaba garantizada en el artículo XXIX de la Real Ordenanza:

 

“Pero no se admitirá para probar achaque certificación anterior de médico ni cirujano y prohibido a éstos que lo den en tiempo de sorteo, no siendo de mandato judicial, pena de suspensión de oficio por mandato de dos años; y si faltaren a la verdad en la que se les mande dar de oficio, serán suspendidos del suyo por ocho años. y se les exigirá cien ducados de multa para el Fisco de Guerra, y además pagarán las costas, daños, y perjuicios que ocasionan con su declaración: cuya pena se ejecuta irremisiblemente, zelando las Justicias y Juntas Provinciales, pues la experiencia ha mostrado el abuso que algunos físicos han hecho de la confianza, que se pone en su conocimiento, en negocios de tanta importancia”.

 

La Ordenanza de 27 de Octubre de 1800, derogó la Ordenanza de 3 de Noviembre de 1770 y la de 17 de Marzo de 1773 con su Real Cédula aclaratoria de 8 de Junio del mismo año. En todas esas disposiciones anteriores se recogía la exención de participar en el sorteo a los Bachilleres de la Facultad menor de Artes o Filosofía, grado que se obtenía en dos cursos. El grado de Bachiller en Artes era imprescindible para poderse matricular en las Facultades mayores de Teología Cánones, Leyes y Medicina.

 

De esta forma la Ordenanza de 27 de Octubre de 1800, hizo casi incompatible la formación de los no pertenecientes a la nobleza, con un servicio de ocho años de duración, dado que los llamados hijosdalgos  estaban exentos acreditada su hidalguía, el servicio era obligatorio para los demás, a no ser que obtuviesen el grado de Bachiller en las Facultades mayores o saliesen como excedentes de cupo o concurriera en su persona cualquier otra excepción compatible.

 

En su artículo V se afirmaba la meritada Ordenanza:

 

“También declaró exentos de este servicio a los doctores y licenciados de las universidades aprobadas de este Reino y por un efecto de mi Real benignidad extiendo esta opción a los bachilleres que por la misma universidad hayan recibido este grado en las facultades mayores de Teología, Cánones, Leyes y Medicina, pero no en otras, y esto con tal que los bachilleres sigan actualmente estudio de su Facultad”.

 

La Guerra de la Independencia determina la Adicción de 18 de Noviembre de 1808 a la Ordenanza de Reemplazos del Ejército de 1800, que limitó todavía más las excepciones para participar en el sorteo.

 

El artículo IV de la Adicción señalaba la obligación de los hijosdalgos “de presentarse voluntariamente para servir en campaña cuando la necesidad del Estado lo requiera y tenga el Rey por conveniente hacer de ellos llamamiento, y si no se presentasen a llenar el cupo asignado al pueblo serán sorteados”.

 

En este trabajo, aparte de la supresión de otras exenciones, nos interesa precisar la recogida en el artículo VIII que determinaba que no serán exentos los Doctores, Licenciados, Profesores y Bachilleres de las Facultades Mayores, exceptuando a los Catedráticos en propiedad.

 

La Adicción no tenía efectos retroactivos, pues no se aplica a los pueblos donde se hubiese realizado el sorteo que será firme.

A la vista de la legislación entonces vigente en materia de reemplazos del Ejército, que no contempla la anualidad de los llamamientos a filas, descartando cualquier exención para participar en el sorteo, ya sea por la situación familiar de  Fontán o de su condición de Bachiller de una facultad menor como la de Artes, que no le eximía del mismo, deducimos por exclusión que fue declarado inútil al concurrir en su persona “accidente o achaque,” ya que no fue de los llamados notoriamente inútiles, como lo atestigua el haber recorrido Galicia durante los 17 años que tardó en el levantamiento planimétrico de la Carta Geométrica de Galicia.

 

También pudo ser que saliera excedente de cupo, denominándole en el libro de matriculados de la Universidad lacónicamente “inútil”.

 

La guerra llegó a Galicia al huir las derrotadas tropas inglesas al mando del General John Moore camino de La Coruña, dedicadas al pillaje por donde pasaban, allí les esperaba la flota para replegarse. En su persecución también entraron en Galicia los franceses al mando del General Nicolás Soulf.

 

El 9 de Enero los franceses tomaron Lugo y Betanzos llegando a La Coruña donde se libró en sus inmediaciones  la Batalla de Elviña al mediodía del 16 de Enero, en la que falleció el General John Moore, los ingleses consiguieron el repliegue protegidos por la artillería de su flota. La Coruña y el resto de Galicia quedó ocupada por el Ejército Francés a lo largo de ese mes de Enero.

 

El 17 de Enero entraron en Santiago quedando suspendidas las clases.

 

El 9 de Mayo de 1809 los franceses entraron a sangre y fuego en el Valle del Salnés, donde incendiaron las aldeas a su paso, saqueándolas, llevándose las cosechas y el ganado. Domingo y su hermano Andrés se encontraban en su Parroquia natal de Porta de Conde, siendo testigos presenciales de estos hechos.

 

Fontán se refirió a este incidente en diferentes sesiones de las Cortes:

Así en la de 5 de Enero de 1837, se oponía a una  proposición de indemnizar con los bienes nacionales a ciertos patriotas de la Guerra de la Independencia, alegando:

 

“… En la provincia a la que pertenezco, fueron muchas las casas y aún los pueblos enteros que se quemaron, y que yo mismo he presenciado, entre ellos el de mi nacimiento: y si se trata de indemnizar a los que hayan tenido pérdidas de esta clase, justo sería entonces se indemnizase a todos…”

 

En la sesión parlamentaria de 8 de Agosto de 1837, Fontán replicaba al Diputado Burriel:

 

“… Si hay pueblos cuyas casas se queman, en la que yo nací, y nacieron mis padres y mis abuelos también fue quemada en el año 1808 y sin reedificar está, y fue quemada por los franceses, por los enemigos entonces de la libertad de la Patria. Esa gloria tengo y esa tiene el pueblo de mi naturaleza en que fueron abrasadas más de 150 casas. Nada se nos dio ni lo hemos pedido a la nación para reedificarlas…”

 

En la sesión de 28 de Enero de 1842, se discutía sobre la concesión de una pensión de viudedad a los hijos del Capitán Miguel de la Guardia. Fontán se opuso y en su discurso alegaba:

 

“Yo, señores pertenezco a un pueblo que prestó un gran servicio a la Patria, que fue quemado todo en la guerra contra Napoleón y no se ha  recibido 12 maravedíes siquiera en recompensa; quemado fue todo el pueblo, sus 150 casas fueron presa de las llamas y no se recibió ni 12 maravedíes a pesar del gran servicio que prestó a la causa de la independencia de la Patria, y a pesar de que tantas familias perecieron allí. Pues como ese pueblo en que yo he nacido hay otros muchos y no hemos de ir a dar a todos…”.

 

Como decíamos Galicia quedó libre de los franceses al ser derrotado el General Michael Ney en Santa María de Ponte Sampayo el 8 de Junio de 1809 por los coroneles Pablo Murillo y Bernardo González, alias Cachamuiña, no volviéndola a ocupar durante los años que duró la Guerra.

 

De Santiago los franceses se marcharon el 23 de Mayo, reanudándose el curso en la Universidad. Fontán en el curso de 1809-1810 estudió Teología Moral, obteniendo el grado de Bachiller  el 20 de Mayo de 1810.

 

Durante el curso de 1810-1811 estudió conforme al Plan de Estudios de 1807, Religión y Retórica, consiguiendo el 20 de Julio de 1811 el grado de Licenciado en Teología y el 29 de Septiembre el de Doctor.

 

El 20 de Agosto de 1811, se crea en Santiago el Real Colegio Militar a instancia del Comandante Militar del VI Ejército, Francisco Javier Abadía patrocinado por la Sociedad Económica de Amigos del País de esa Ciudad y el Real Consulado del Mar de La Coruña, instalándose en el edificio del Colegio de San Clemente.

 

Fontán en su autobiografía publicada en los Cuadernos de Estudios Gallegos afirmaba al respecto:

“Así que establecida en Santiago una Escuela Militar durante la Guerra de la Independencia, fue profesor en ella de ambos idiomas”…; “lengua francesa y lengua inglesa que en la guerra contra Napoleón era tan necesario” que dominaba desde los trece años…”

 

También en su discurso en las Cortes pronunciado el 1 de Septiembre de 1837 afirmaba:

 

“Yo me honro de haber sido profesor en una escuela militar en la Guerra de la Independencia, y en ella había cuatrocientos y más cadetes, perfectamente instruidos cada uno en su clase y alguna vez solieron más de 60 juntos al Ejercito. Esos jóvenes, recibieron una instrucción uniforme, con modelos de pundonor y el alma de los batallones, por su disciplina y pericia, y además llevarían ahora la ventaja de estar conformes todos en ideas políticas, porque en una escuela militar desde el jefe hasta el último sirviente todos deben pensar del mismo modo y todos serían constitucionales amantes de la independencia y de la libertad de la Patria….”

 

En la Sesión de las Cortes de 17 de Julio de 1837 afirmaba:

 

“… Para mi el valor civil, vale tanto o más que el militar”

 

Y concluyendo su discurso lo justificaba:

 

“En prueba de que el valor civil en nada desmerece a la profesión de los guerreros, yo veo que apenas hay quien carezca de valor para arrastrar los peligros de una brecha, mientras no lo halló para desempeñar dignamente destinos pacíficos. El hombre en ellos sucumbe a las pasiones que le avasallan y envilecen, mientras la cobardía se aleja casi siempre de las filas de los bravos. Hágase justicia a este valor, pero sépase que el heroísmo no menos se haya y es más recomendable en el valor civil. La falta es el verdadero origen de todos vuestros males. He dicho”.

 

Uno de los discípulos de Fontán en la Escuela Militar sería el Cadete Ramón de la Sagra y Peris con el que entabló estrecha amistad.

 

En el curso de 1811-1812, estudió el 1er. año de Instituciones Canónicas y también comenzó su labor docente sustituyendo en la Cátedra de Retórica y Artes al Doctor Sarmiento, pronunciando, como tal, la oración de la solemne apertura del curso.

 

Los cursos de 1812-1813 y 1813-1814 asistió a la Cátedra de Matemáticas de José Rodríguez González quien tuvo una influencia importantísima en la vida de Fontán, pues gracias a él encontró su vocación, así en su autobiografía afirmaba:

 

“En el estudio de las Matemáticas tuvo la dicha de oír en dos años las lecciones del sabio y eminente profesor Don José Rodríguez, compañero de los célebres Biot y Arago, juntamente con Don José Chais en las operaciones (de la medida) de la meridiana desde Barcelona hasta Formentera, felizmente concluida en 1808 cuando estalló la Guerra de la Independencia, que aún impidió que se midiera una base en los llanos de la Albufera para verificarlas.

A tan digno profesor  debió no solo el entusiasmo con que prefirió a toda otra ocupación, la de cultivar más y más el estudio de las ciencias naturales y exactas, sino que el mismo lo inspiró el pensamiento de emprender la triangulación de Galicia y el levantamiento de su Carta Geométrica y a este fin le adquirió en París los mejores instrumentos para llevar a cabo tan útil proyecto”.

 

En otra redacción de su autobiografía Fontán alegaba:

 

“Los conocimientos de Ciencias exactas le proporcionarán que los enseñase constantemente en la Universidad para lo cual contribuyó, que por su conducto se hicieron venir desde París los preciosos instrumentos que  desde 1820 contiene su Gabinete de Matemáticas y Física recogidos por el mismo Rodríguez”.

 

El 28 de Septiembre de 1813, recibió el grado de Licenciado en Artes. Durante el citado curso de 1812-1813 también Fontán efectuó el segundo año de Instituciones Canónicas.

 

Concluida la Guerra de la Independencia, Fernando VII “El deseado” regresó de su “cautiverio” en Francia, entrando en Madrid el 10 de Mayo de 1814 aboliendo la Constitución de las Cortes de Cádiz de 19 de Marzo de 1812 y reimplantando el Régimen Absoluto, lo que daría lugar a un clima de total represión contra los llamados Liberales partidarios del Régimen Constitucional.

 

En el mes de Junio de 1814, se publica en Santiago (librería de Juan María del Pozo el:

 

“Manifiesto que los Profesores Literarios de la Real Universidad de Santiago ofrecen al público de las funciones que entre los días veintisiete y veintiocho del mes de Mayo del presente año, han celebrado en obsequio del mejor de los Reyes el Sr. Don Fernando VII restituido al trono de sus augustos predecesores en toda su plenitud”.

 

Domingo Fontán y su hermano Andrés constan en la lista de profesores matriculados en la Real Universidad que participaron del “honor de contribuir en metálico para cubrir los gastos que ocasionaron dichas funciones”.

 

“… tal era el interés que todos tomaban en unirse a la Juventud escolástica para obsequiar a Fernando, y a defender los esenciales derechos de su Trono, que en nuestra mano estuvo, aprovechando el entusiasmo de este leal y generoso Pueblo, proyectar una representación de la entrada de S.R.M. magnífica como las de Ciro y Alejandro en Babilonia, y tan suntuosa, que las columnas de pórfido y de jaspe, carros y arcos triunfales, trofeos militares, genios y colgaduras de terciopelo y damasco fuesen las obras de mediano coste en la ostentación, ornato y decoro de la puerta, plazas y calles por donde se condujo el real retrato”.

 

Como colofón de las citadas “funciones” fue la oración panegírica que “dijo en Loor del Sr. Don Fernando VII, Don José de Castro” (organizador de tales funciones) de la que trascribimos el siguiente párrafo:

 

“Estas obras que sabemos practicó S.R.M. en el año de ocho, demuestran que entonces era un varón compasivo, sabio, prudente y justo; pero siendo inconstante la voluntad humana, y áspero el sendero de la virtud, pudo muy bien FERNANDO pasar de clemente a inhumano, de justo a tirano y de sabio a ignorante; todo este trastorno pudo suceder, más felizmente nada de   ésto acaeció: si clemente y justo era en el año de ocho, más justo y clemente se presenta en el año catorce.

 

Si en el año de ocho manifestó su justicia sacando a los ministros de las cadenas, en el de catorce no la muestra menos, coartando y reduciendo a sus justos límites la libertad de imprenta, asegurando así la tranquilidad del Estado y la fama de sus vasallos. ¡Ah libertad de imprenta, a cuantas familias has arruinado, y a cuantos hombres inocentes y de honor has desconceptuado! ¡Borrado sea de la memoria y espacio de los tiempos el día en que naciste! ¡Bendito mil veces, y mil veces mil bendito el cortante sable que degolló tu cerviz altiva! Si en el año de ocho restituyó a su dignidad el supremo Consejo de Castilla, en el de catorce vemos colocado en su propio lugar al Santo Tribunal de la Fe; si en el año de ocho usó clemencia con el  valido, (Manuel Godoy) en el de catorce fue clemente con todos los pueblos que habían observado las nuevas instituciones, contentándose con abolirlas e imponer pena de muerte al que por obra, palabra o aconseje a ello directa o indirectamente, aprendan  del clemente FERNANDO!”

 

Este es el ambiente existente en la Absolutista Universidad de Santiago a partir del 17 de Mayo en que se confirmó oficialmente el regreso de Fernando VII que determinó la persecución de los Liberales.

 

El 23 de Mayo de 1814, Fontán junto con Joaquín María Patiño (1775 Madrid 1849) Catedrático de Teología y Juan Bautista Camiña, Catedrático de Física Experimental fue denunciado como corifeo del Partido Liberal por los Doctores Francisco Cabeza y Manuel del Corral.

 

La denuncia de Fontán se centraba en la acusación de ser íntimo amigo del presbítero y también bibliotecario de la Universidad, Joaquín María Patiño, quien fue acusado de no vestir traje sacerdotal ni ejercer de tal, de pertenecer al club de la Esperanza y de tener una tertulia en el llamado aposento de libros prohibidos a la que en unión de otros asistió Fontán, en la que se leía a Locke, Voltaire, Smith, Rousseau, etc.  además de enseñar en sus clases proposiciones poco decorosas. A Fontán también se le acusaba de enseñar doctrinas contrarias a la piedad, además de constar el nombre de ambos en listas masónicas y de ser Fontán Vicesecretario de la Sociedad Económica de Amigos del País, por lo que ambos fueron sometidos a Juicio ante la Audiencia de Galicia quien mediante Sentencia de 15 de Junio de 1815 “Absuelven libremente al Doctor Don Domingo Fontán de las resultas de este expediente” cuya formación no puede perjudicar a la opinión que goce; y en cuanto a Don Joaquín María Patiño se le advierte en lo sucesivo “no de margen a sospechar de su conducta, evitando en los actos académicos toda expresión mal sonante o que admita doble sentido, o que no sea adaptado a la capacidad de la juventud! Y se le reponga inmediatamente en su plaza de Bibliotecario de la que se le separó con restitución de todo lo que haya podido corresponder, siendo muy sensible la comisión declarar la declaración hecha al claustro de la Universidad de 23 del año próximo pasado por los Doctores Francisco Cabeza y Don Manuel Corral, efecto de resentimientos particulares, o bien de un celo demasiado exaltado que deberá moderar en lo sucesivo como corresponde”.

 

No nos olvidamos de Juan Bautista Camiña (Santiago de Compostela 1774 – Oporto 1827), quien ejerció de Médico del Real Hospital de Santiago, fue acusado de redactar el periódico “Diario General de Santiago” órgano de expresión del Liberalismo Compostelano.

 

Camiña ante la denuncia se retractó de su conducta en un artículo que publicó en La Gaceta de Santiago y se exilió en Oporto, Portugal, donde practicó la medicina  hasta su muerte.

 

Fontán se refería a estos hechos en su autobiografía publicada en 1946:

 

“Así es que antes del año 1814, establecida en Santiago una Sociedad Económica que en otro tiempo había sido muy útil, y nombrado Fontán Vicesecretario suyo fue envuelto con el Secretario principal D. Joaquín Patiño, Bibliotecario de la Universidad y que después lo fue de la Real de Madrid, y con el Doctor en Medicina D. Juan Camiña en una persecución terrible, si bien tuvo la felicidad de ser libremente absuelto y con las declaraciones más satisfactorias. He aquí como aún trabajando en ser útil al progreso de la agricultura, de la industria y de las artes, se interpretan las juntas habidas en público y dedicadas a estos objetos como clubs de masonería y como clubistas aquellos a quienes conviene perseguir por miras de un sórdido interés”.

 

Fontán mantuvo una íntima amistad con Joaquín María Patiño, quien también fue Diputado por el Reino de Galicia en la legislatura de 1822-1823 durante el Trienio y tiene el mérito de haber elevado una instancia al Ministerio de la Gobernación de quien dependía la Biblioteca Nacional para que se permitiese el acceso a las mujeres consiguiendo que en 1837 se les  habilitase aposento según el decoro de la época.

 

En el año 1838 Joaquín María Patiño como Bibliotecario de la Biblioteca Real desde el 1 de Agosto de 1834, en 1836  llamada Biblioteca Nacional, mantenía una agria disputa con José Bartolomé Gallardo Blanco, (1776-1852) escritor y  Diputado por Badajoz en las legislaturas de 1837-1838 y 1838-1839, y Bibliotecario de la Biblioteca del Congreso de los Diputados, Patiño alababa la decisión del Gobierno de retirarle el privilegio de llevarse libros a casa.

 

El escritor y poeta Serafín Esteban Calderón, (1799-1867), compañero de Fontán en alguna de las sesiones de la Real Academia de la Historia (1852), en un soneto que dedicó a Gallardo le denominó “bibliopirata”.

 

En esa disputa Fontán tomó partido a favor de su amigo y así en la sesión de las Cortes del 12 de Enero de 1838 en que se debatía sobre el Reglamento Interior del Congreso, alegaba:

 

“En el Reglamento anterior se habla de Biblioteca, aquí no se habla de ella, yo deseo saber si se ha de hablar de ella o no. Si se ha de haber dobles sueldos y cosas así, y Bibliotecas que no sirven para nada, porque hay sueldo Biblioteca y luego el sueldo de Gramática Filosófica. Yo quisiera saber en este supuesto, si el sueldo de Biblioteca y el de Gramática Filosófica están o no en contradicción con el decreto vigente…”

 

De esta forma Fontán denunciaba al Bibliotecario Gallardo quien redactaba una Gramática Filosófica por la que cobraba 15.000 reales.

 

En la sesión de las Cortes de 9 de Marzo de 1838, se debatió sobre la propuesta de Fontán y el Diputado por Guadalajara José Muñoz Maldonado sobre la suspensión de la Biblioteca del Congreso.

 

En ese debate, Fontán defendió la propuesta insistiendo en el doble sueldo del Bibliotecario Gallardo al que replicaba Fontán:

 

“Yo no tengo miedo más que a mi mismo, no temo a la crítica satírica en grado eminente, así que yo, señores, con mi corta o larga ciencia, con mi ignorancia sarracénica o como gusta llamarla al Sr. Gallardo, tengo la ciencia bastante para decir que no es necesaria ni útil esa Biblioteca….”

 

La propuesta de Fontán y Maldonado fue aceptada y en Mayo de 1838 se  cerró la Biblioteca del Congreso.

 

Muñoz Maldonado en la sesión del Congreso de los Diputados de 9 de Julio de 1840, replicaba al Diputado Quijana afirmando:

 

“Desea saber el Sr. Quijana que pasos ha dado la Comisión para averiguar lo relativo a la sustracción de 53 volúmenes que se echaron de menos en la célebre Colección llamada Salazar. El Congreso oyó ayer las razones que el encargado de su custodia había expuesto a la Comisión, ésta, en su vista, trató de si debía por su parte proceder judicialmente y exigir que en encargado presentase dichos volúmenes o respondiese de ellos y se tocó un inconveniente grave, gravísimo, cual era de que el Congreso Nacional se iba a presentar ante un tribunal ordinario como actor contra uno de sus dependientes porque ese carácter tenía el Sr. Gallardo como Bibliotecario”.

 

En el curso de 1813-184, Fontán sustituyó la Cátedra de Lógica y Metafísica que según el plan de 1807 pertenecía al segundo curso de Filosofía y el 7 de Agosto de 1814 recibió el grado de Doctor en Artes o Filosofía.

Durante los cursos de 1814-1815;  1815-1816 y 1816-1817, sustituyó a su maestro José Rodríguez González en su Cátedra de Matemáticas Sublimes, obteniendo el Grado de Bachiller de Cánones el 2 de Noviembre de 1816.

 

En este último  curso tuvo como alumnos a Ramón de la Sagra y al Geólogo e Ingeniero de Minas, Casiano del Prado y Vallo (Santiago 13-Agosto 1797 – Madrid 4 Julio1866), quien participó en el levantamiento del Mapa Geológico de España, es considerado uno de los Geólogos más importantes del Siglo XIX.

 

Casiano Prado, no superó el curso por falta de asistencia, dado que fue detenido por el Santo Oficio recién restaurado por Fernando VII, acusado de no creer en la inmortalidad del alma, leer a Voltaire y otros autores franceses prohibidos y de escupir en un edicto del Santo Oficio fijado en la puerta de la Universidad.

 

El curso de 1817-1818, Fontán fue sustituto de la Cátedra de Elementos Matemáticos o primer año de Filosofía según el plan de 1807. Cátedra que obtuvo en propiedad por oposición el 10 de Abril de 1818.

 

En ese curso suspendió a ciento ocho alumnos de los ciento ochenta y dos de los que estaban matriculados, por lo que fue denunciado en instancias de 20 y 24 de Junio elevadas al Rey Fernando VII; una formulada por los padres tíos y parientes de los discípulos suspendidos y otra por el  Alcalde de Santiago y Regidor perpetuo, Ramón de Leys y Saco quien bien se cuidó de omitir que uno de esos alumnos era su hijo Baltasar.

 

Según relata Salvador Cabeza de León, su severidad, a juicio de sus alumnos, fue causa de que el 20 de Junio de 1818, los padres, tíos y parientes de los discípulos suspendidos, afirmasen: que jamás había ocurrido que de mil o dos mil de ellos matriculados en la Universidad, solo perdían el curso un promedio de treinta o cuarenta, y que así tal institución iba a desaparecer gracias a los procedimientos del Doctor Fontán.

 

En definitiva, interesaban se sujetase a los reprobados a un nuevo examen ante doctor nombrado por el Rey o elegido por el Claustro durante el cual Fontán fuese alejado 10 ó 12 leguas de Santiago o en su caso “ser sumergidos en la ignorancia, a sacrificarse víctimas del genio y carácter duro, exaltado, lleno de furia y enemigo de sus semejantes” que atribuyen a Fontán, ello con independencia de otras acusaciones como prescindir del latín durante el curso, etc…

 

Así exclamaban dirigiéndose al Rey:

 

Pero Señor ¿qué extraño será un parte de esta naturaleza en el Dr. Fontán, sujeto a unas ideas nada comunes, decidido a chocar con todo el mundo de la manera más grosera que puede imaginarse, manifestando su insolencia con los individuos de su misma corporación, intentando reformas en ella, aborreciendo con el mayor desprecio la ancianidad, insultando a los que en calidad de atendientes  se presentan en su aula y descargando toda su furia con los colegiales de San Jerónimo, a uno de los cuales, alumno suyo, arrancó la beca y maltrató con palabras ofensivas, según (afirmaban) podía informar el Claustro”.

 

Como decíamos, el Alcalde de Santiago y Regidor perpetuo, Ramón de Leys y Saco, el 24 de Julio también remitió al Rey Absoluto Fernando VII otra denuncia:

 

“Decía pues Leys y Saco que todo maestro debía estar adornado no solo de profundos conocimientos en las ciencias a que se dedicasen, sino también de “mansedumbre, buena educación y política” para dirigir a la tierna juventud y que en la Universidad de Santiago la mayor parte de los catedráticos eran ejemplo de virtud, sin que no faltasen algunos en quienes (como Fontán) se reconocían “los perniciosos efectos que introdujo la mal entendida Filosofía, al abrigo de una indefinida libertad, madre legítima de la disolución de costumbres e ideas sistemáticas y muy subversivas”.

 

Según relata Cabeza de León, el Alcalde continúa despachándose alegando que Fontán “desentendiéndose de su deber primitivo y del aprecio que de él se hizo para ponerlo al frente de la enseñanza pública, creyéndole de ego digno, no hace más que poner al borde del precipicio a la inocente juventud, no ignorando que su aula es la primera aduana de la administración de las ciencias de toda la Monarquía “donde los alumnos tropezaban con un carácter duro, acre, exaltado lleno de furor, enemigo de la humanidad”, etc. repitiendo la acusación de los familiares de los alumnos reprobados.

 

Leys y Saco, terminaba afirmando que en todo el Reino era conocido el tono grosero e insolente con el que se profería Fontán en las Juntas de Universidad “lo cual justificaba cada vez  más separarle de ellas”.

 

Así concluye la primera parte del “Episodio de la vida académica de Domingo Fontán” recogida en el Boletín nº 162 de la Real Academia Gallega.

 

Esta anécdota es conocida desde que Salvador Cabeza de León (Betanzos 5 Febrero 1864 - Santiago 21 Mayo 1934) Catedrático de Derecho Internacional, Decano en la Facultad de Santiago, Académico de número de la Real  Academia Gallega,  Alcalde de esa Ciudad, Político y Escritor, la rescató del libro del Claustro de 1817 a 1821 de los Archivos de la Universidad de Santiago, publicándola en los Boletines de la Real Academia Gallega de 1924 núms. 162 y 163, el primero de Junio de 1924, que denominó “Un episodio de la vida académica de Don Domingo Fontán”, según tenemos dicho.

 

También este hecho se pone de manifiesto en el libro titulado “Historia de la Universidad de Santiago de Compostela”, compuesto de materiales copiados y transcritos por Salvador Cabeza de León, ordenados, completados y redactados por Enrique Fernández Villamil, Instituto Padre Sarmiento de Estudios Gallegos 1947.

 

Salvador Cabezas de León, como decíamos, fue Alcalde de Santiago de 1910 a 1914. El día 6 de Noviembre de 1912, en Sesión Supletoria de la Ordinaria celebrada por el Ayuntamiento presidida por su Alcalde, se aprobó la propuesta formulada el 2 de Noviembre de 1912 por el quinto Teniente de Alcalde Pedro Pena Gamillo, quien solicitaba:

 

“1ª Que los restos aludidos del Sr. Fontán sean recogidos y depositados con carácter gratuito en una de las urnas cinerarias propiedad del Municipio hasta tanto no se lleve a cabo el patriótico pensamiento de concluir un panteón para gallegos ilustres.

 

2ª Que se costee y coloque en la Casa nº 19 de la Rua del Villar donde residió aquel sabio gallego una lápida conmemorativa para recordar su insigne personalidad a futuras generaciones”. (no se moleste en buscarla el lector, nunca se puso).

 

Dicha propuesta fue aprobada acordándose “autorizar al Alcalde para llevarla a la práctica con licencia de la Familia del interesado”.

 

Esta anécdota o episodio del que anticipamos, Fontán salió victorioso, fue recogido como tal victoria por los escasos biógrafos de Domingo Fontán.

 

En el artículo de Paulino Pedret Casado, inserto en los Cuadernos de Estudios Gallegos Anejo I, “Don Domingo Fontán y su Mapa de Galicia, Santiago 1964”, y en  “Vida y Obra de Domingo Fontán” 2004 publicado por la Asociación Cultural y Deportiva de Portas “Domingo Fontán” y “Domingo Fontán” 2005, Nosa Memoria, Xunta de Galicia, de la que son  autores, respectivamente, mis buenos amigos José Luis Vila Fariña, escritor y cronista del Concello de Villa García de Arosa, y Gonzalo Méndez  Martínez, Profesor de Geociencias Marinas y Ordenación del Territorio de la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad de Vigo.

 

Salvador Cabeza de León, sacó de los Archivos de la Universidad de Santiago esta anécdota sin ningún ánimo de cuestionar el proceder de Fontán, sino como:

 

 

“…curiosa muestra de la psicología paternal que tanto conocemos y lamentamos cuantos tenemos como profesión la pública enseñanza superior o secundaria…”

 

En el año 2003, la Universidad de Santiago de Compostela publica el libro titulado “Historia de la Universidad de Santiago de Compostela en el Siglo XIX”, Volumen II, cuyo autor es José Ramón Barreiros Fernández, Presidente de la Real Academia Gallega en esa fecha, además de Decano de la Facultad de Geografía e Historia de Santiago, quien en las páginas 112-115 refiere:  “Algunas desventuras de Domingo Fontán con sus alumnos”.

 

José Ramón Barreiros, antes de entrar en la cuestión, enmarcando la decisión de Fontán de suspender a 108 de sus discípulos de los 182 matriculados pasando el curso solo 74 nos relata en su libro:

 

“Téngase en cuenta el alto aprecio a la desmesurada estima de los familiares especialmente los hidalgos, tenían de su honor. El suspenso al alumno significaba un desprecio para el honor de la familia o un pésimo antecedente que la familia tenía sobre el futuro profesional, la estrecha relación entre la familia y parte del profesorado, las redes clientelares, en las que participaban los propios profesores, que eran deudores de beneficios, o incluso de su cátedra al valimiento de alguna familia, la resonancia social que tenía todo lo que se refería a la Universidad y todo el cúmulo de circunstancias que el historiador puede identificar, explican nuestras sospechas de que los estudios en la Universidad, apenas contaba obstáculos, al menos este tipo de obstáculos. Cuando algún profesor rompía esta turbia relación, y se imponía sobre los convencionalismos sociales, salta el escándalo y de inmediato se ponía en funcionamiento los mecanismos internos para controlar la situación: el rector, los decanos le hacían entrar en razón por principio del bien de la Universidad”.

 

En definitiva, el Sr. Barreiros Fernández nos expone el más triste aspecto de la Absolutista Universidad de Santiago, servil a los privilegios de los llamados hijosdalgos (a los que nos referimos al estar exceptuados del servicio de las armas), cuyos Catedráticos para salvaguardar no el prestigio de la Universidad, sino su estatus, les otorgaban títulos de bachiller, licenciaturas y doctorados, por el simple hecho de matricularse o por cuestiones de servidumbre, (según Barreiros), quien lejos de elogiar a Fontán por negarse a ser lacayo en la farsa que describe, parece hacer suyas las acusaciones a las que nos hemos referido.

Cuando contradictoriamente en la `página 111 de su libro nos ilustra:

 

“El profesor estaba obligado a certificar las asistencias y comportamientos de cada alumno durante el curso y esto no se reflejaba en una calificación numérica, sino en una calificación global que se concretaba en que si se ganaba o no el curso”.

 

Seguidamente Barreiros aseveraba:

 

“Todo alumno que asistiera regularmente a clase o que justificase sus faltas y que mantuviera un comportamiento discreto recibía la acreditación de haber ganado el curso. Por el contrario, los que faltaban o sobre todo mantenían comportamientos indisciplinados, no podían ganar el curso”.

 

Dicho esto como preámbulo, Barreiros entra en materia:

 

“Como esto lo tenemos documentado, vamos a exponer el escándalo provocado por el Catedrático Fontán, el gran Geógrafo, escándalo que sirve para crear la atmósfera adecuada sobre la exigencia universitaria y sobre todo, para ver los intereses creados y hasta la conjura de los propios compañeros contra quien amenazaba con romper un estatus muy bien consolidado.

 

Algunas desventuras de Domingo Fontán con sus alumnos.

 

Debemos empezar diciendo algo que sus biógrafos-agiográfos (escritores de vidas de Santos) desconocen, Fontán era un gran sabio pero tenía un genio descontrolado, era puntilloso, tenían tal alta estima de sí mismo que creía que todos le debían estar reconocidos y finalmente era confuso y premioso en su discurso. Para emitir este juicio fue suficiente leer atentamente sus actuaciones en las Cortes (24-I-1838, 9-III-1838, 24-XI-¿1817?, 17-XII-1817?.

Sus colegas reconocen al menos (no en las indicadas sesiones de Cortes, el autor no nos dice dónde) que no se le puede llevar la contraria sin que al instante se desate su cólera, estamos hablando de diputados  como él, ya se comprenderá cual podía ser su relación con los alumno..

 

Destacamos que cuando el objetivo “premioso” se aplica a una persona, significa que éste adolece de agilidad en el uso de la palabra, es torpe en la expresión, carece de espontaneidad y soltura y que habla con mucha dificultad. (Según el diccionario de la Real Academia Española), es decir, todo lo contrario de lo que fue Fontán, según lo atestiguan sus 212 intervenciones en las Cortes, recogidas en los libros de actas de las legislaturas en que participó batiéndose con los mejores oradores de la época.

 

Por cierto, la intervención en las Cortes de 9 de Marzo de 1838, a la que se refiere Barreiros, es la misma que recogimos en este artículo en la que Fontán se defendía de la crítica satírica del Bibliotecario del Congreso y Diputado José Bartolomé Gallardo, cuando interesó que por economía se cerrase la Biblioteca, cosa que logró.

 

Concluido lo expuesto, Barreiros Fernández, en su libro reproduce lo que Cabeza de León denominó “El episodio de la vida académica de Domingo Fontán” que publicó en el Boletín nº 162 de la Real Academia Gallega, según tenemos dicho, pero sin embargo, dando por cierta la versión de los denunciantes,  en la que apoya su particular opinión sobre la personalidad de Fontán, se olvida, de que Cabeza de León, en ese Boletín, solamente vertió la primera parte de su artículo dejando para el Boletín nº 163 la exposición de la conclusión o segunda parte en la que Fontán se defiende de sus acusadores y que hoy nosotros haciendo de “abogado del Diablo”, o si lo prefiere el Sr. Barreiros de “biógrafo-demoniológico”, reproducimos resumido:

 

Las anteriores denuncias o exposiciones de familiares de alumnos y Alcalde de Santiago, a consulta del Supremo Consejo, fueron remitidas al Rector de la Universidad solicitando la opinión del Claustro, quien el 10 de Septiembre de 1818 acordó dar traslado de las mismas a Fontán para que manifestase por escrito lo que tuviese por conveniente.

 

Fontán “con ingenuidad y nobleza de sentimientos de su carácter” según afirma Salvador Cabeza de León, dio contestación correlativa a las acusaciones en 22 números. Fontán niega la solicitud según la cual perdieron el curso solo treinta o cuarenta por curso académico, remitiéndose a los Libros de Secretaría, y añade que el pasado curso lo perdieron la tercera parte de los alumnos.

 

“Analizados los motivos de haber perdido el curso sus ciento ocho discípulos, dice (Fontán) que algunos apenas lo empezaron, otros murieron antes de terminarlo; la mayoría – y aquí fulmina nueva acusación contra Leys y Saco – lo perdieron “por haber abandonado la ciudad al principio de la Cuaresma, cuando el Alcalde, faltando a las leyes despobló la Universidad sujetando e incluyendo en el alistamiento para la quinta del pueblo a sus alumnos, todos. Una semana estuvieron desiertas casi todas las aulas, tardaron un mes en regresar de sus domicilios respectivos y más tiempo todavía los alumnos de Fontán. De aquella época que califica de fatal, hasta la conclusión del curso, no pasaron de 110 los concurrentes a su cátedra. Y la asistencia de los hijos de los que le acusan no ha sido la más general y su conducta la más relajada”.

 

De conformidad con el artículo IX de la Ordenanza de Reemplazos del ejército de 27 de Octubre de 1800 vigente parcialmente hasta 1837, en el año de 1818 se efectuó un reclutamiento.

 

Así en la circular de 2 de Enero de 1818 del Supremo Consejo de la Guerra, se ordenaba: “acordado que el primer reparto del cupo de cada provincia para el reemplazo del ejército se haga por los Intendentes según el censo de 1797 y para los sucesivos se efectúa aquel, conforme a las partidos y pueblos que en la actualidad componen cada uno de ellos”.

 

La circular de 1 de Abril de 1818 afirmaba:

 

“Se previene a los Intendentes que bajo su responsabilidad, que para el 1 de Mayo cuiden que el contingente señalado a su provincia para el reemplazo del ejército se haya puesto en marcha para el destino que se le designe”.

 

Así a la Cátedra de Fontán tampoco se incorporaron los discípulos que obtuvieron   la suerte de soldado.

 

Fontán en su exposición, justifica dar sus clases en castellano y no en latín, pues si así lo hizo fue en obsequio de sus alumnos que no conocían tal idioma, lo cual asegura no volverá a hacer sin expresa derogación de las leyes vigentes.

 

Los padres y familiares de los alumnos suspendidos en su exposición, referían la dimisión presentada por Fontán del cargo de Censor de Trajes, decisión que no había podido sostenerse por su índole imprudente “que dio motivo a que le apedrearan la casa rompiéndole todos los vidrios”.

 

Barreiros sobre este hecho afirma que por acuerdo de la Junta de Consiliarios de 22 de Noviembre de 1817, Fontán denunció a seis alumnos por sus excesos cometidos en las calles quien en Acta de 24 de Noviembre se dice:

 

“El Sr. Fontán muy bien pudo haberse equivocado en el santo templo de la enseñanza por haber un crecido número de estudiantes que acaso serían acreedores de tal reconvención…”

 

Más claro, a todos o ninguno.

 

Fontán en su escrito de descargo sobre el particular pues en efecto fue nombrado Censor escolar en 1816, cargo con el cual contribuyó muchísimo “a detener los desórdenes de la juventud en medio de tantos cafés, casas de juego y lupanares, como en el pueblo existían, peligros que tomaron mayor incremento al abrigo de la impunidad que tales lugares disfrutaban con el Alcalde Leys. Concluía refiriendo que el apedreamiento de su casa, que no era nada nuevo e inherente al cargo de censor y de que tales hechos habían sido víctimas los canónigos Alegría y Magistral de la Iglesia compostelana y hasta rectores y visitadores reales de la Universidad..”

 

Fácil es proferir las descalificaciones a los que nos hemos referido acusando a Fontán de tener un carácter descontrolado, ser engolado, etc. etc. y difícil es aseverar lo contrario, como hacemos nosotros 149 años después de su fallecimiento. Pero conociendo a Domingo Fontán a través de su personal correspondencia que en definitiva, es la mejor muestra de su idiosincrasia que en ningún momento disimula.

 

He aquí una muestra de su modo de ser que se vislumbra a través de un episodio desgraciado con su hijo Félix de casi 20 años de edad que narra a su hermano Andrés, que se encontraba en la Fábrica del Castro de Lousame, quejándose de la conducta de su hijo, quien como joven universitario, participaba activamente de esos llamados “desórdenes de la juventud”. Así en carta fechada en Santiago el 10 de Octubre de 1846 (Rua del Villar nº 10, 3º piso,  después de tratar asuntos referentes a la Fábrica de papel afirmaba:

 

“El Félix está corrompido. Supe con evidencia que después de recogernos todos, salía a allá noche repetidas veces, se iba a el Carmen a reunirse con su condiscípulo y compinche Ituarte hijo de Don Jerónimo, no menos engañado que yo; que ambos se juntaban en un pajar, se iban a la tuna, recogiéndose en la madrugada.

Hoy notando su madre la soberbia con la que la trataba, y queriendo yo corregirle por estos y por otros hechos iguales, temiendo sin duda que le pusiera la mano, echó a correr por la escalera sin chaqueta y sin nada en la cabeza, pero mientras yo estaba ocupado con gentes y su madre en labores de casa, él debió haber subido y tomado su esclavina o su gorra o sombrero sin que viniera a comer ni se haya presentado ahora que son las 7 de la noche.

Si es que se larga a esa, (Fábrica del Castro) haz que se vuelva y no me ponga en la necesidad de irle a buscar o de hacer algo más si se empeña en desconocer mi autoridad.

El mozo está viciado, tiene un par de pistolas, aunque no pude cogérselas y con ellas cargadas se iba al Carmen. Las malas compañías y su desafección al trabajo le condujeron a este estado, y ya no es cosa fácil que se enmiende ¿he aquí la carrera de Medicina!!! Nada más ocurre a tu desgraciado Domingo”.

 

Félix se enmendó, dejó Medicina y se licenció en Derecho Civil y Canónico, su padre Domingo, tuvo la suerte de no conocer los tiempos actuales.

 

El mismo día 13 de Octubre de 1846, a la 1 ¼  de la noche Domingo remitió nueva carta a su hermano.

 

“Mi querido Andrés: Félix regresó a casa a las 10 de la noche y te lo digo para que no estés con cuidado. Tuyo Domingo.

 

En la posdata de su carta de 19 de Octubre de 1846 refería a Andrés:

 

“Félix se reconcilió conmigo confesando, si no todas, parte de sus calaveradas”.

 

Jerónimo Ituarte Iriondo, fue compañero de Fontán en la Universidad sirviendo la Cátedra de Cánones.

 

Volviendo al tema que nos ocupa, una vez reputadas todas las acusaciones por Fontán, aconsejó que el Claustro convocase a los alumnos denunciantes a examen escrito en el que se proponga “un corto número de temas o problemas, lo más fáciles posible, de Aritmética, Álgebra y Geometría, todos en idioma latino”.

 

El escrito de descargo de Fontán se vio en el Claustro el 14 de Septiembre de 1818, aceptando las propuestas de éste, se acordó:

 

“No obstante la certidumbre que tiene el Claustro de la verdad de Fontán y visto lo solicitado por éste de que sean llamados los alumnos que se dicen agraviados a manifestar su suficiencia”.

 

Los Doctores Becerra de Lamas, Suárez Villamil, García Barroso y Sebastián Suárez, “por decoro del Catedrático protestaron sea este acto por materia de examen”.

 

El día 14 de Septiembre fueron citados a dicho examen los 20 denunciantes que Cabeza de León en su artículo cita con nombre y apellidos, todos ellos se excusaron de asistir por diferentes motivos.

 

El 19 de ese mismo mes el Claustro emitió informe en el que se decía que Fontán llevaba varios años dedicado a la enseñanza sin que de él tuviese la Universidad queja alguna, ni se le hubiese señalado ningún defecto por los visitadores de Cátedra (Libro del Claustro de 1816, Folio 262 y 262 vuelto indebidamente colocado).

 

Cabeza de León concluye el artículo afirmando:

 

“El episodio académico que he referido no es más que eso, un episodio…. Por eso se leerá con gusto la relación de este pequeño trabajo. En todo caso, mis palabras habrán servido para traer a la memoria de los lectores el nombre del sabio matemático e insigne geógrafo autor de esa preciadísima Carta de Galicia, a pesar del tiempo transcurrido desde que fue trazada por la egregia mente de Don Domingo Fontán, continua conservando su magno prestigio, su ingente valor y su incontestable autoridad”

 

Para concluir, este incidente de la vida académica de Fontán, también en el año 2003, la Universidad de Santiago, publicó otro libro titulado “Historia de la Ciudad de Santiago de Compostela” de Ermelindo Portela Silva, (página 461) quien, claro, leyó a su compañero José Ramón Barreiros y recoge estos acontecimientos:

 

“En la vieja Universidad Compostelana se formaron y dieron días de gloria a las ciencias, personalidades como José Rodríguez, Catedrático de esta Universidad y Director del Observatorio Astronómico de Madrid, Don Domingo Fontán, tan ilustre investigador como pésimo maestro, como lo atestiguan los tumultos y problemas que sufrió como profesor”.

Nos sorprende que se le califique como “ilustre investigador”

 

En la Gaceta de Madrid del jueves día 14 de Junio de 1818, se anunciaba la llegada a Santiago de los instrumentos que la Universidad encargó a José Rodríguez González que adquiriera en París para el Gabinete de Física Experimental, según el relato efectuado por Fontán, lo que le resultó muy ventajoso ya que por Real Orden de 14 de Septiembre de ese año, se restableció en la Universidad el antiguo plan de 1772 en el que no existía la Cátedra de Matemáticas Sublimes, por ello el Claustro encargó a Fontán que para el curso 1818-1819 cubriese la vacante de la Cátedra de Física Experimental.

 

En ella realizó observaciones meteorológicas, los meses de Diciembre de 1818 y Enero, Febrero y Marzo de 1819 recogiendo las condiciones atmosféricas de temperatura con un termómetro centígrado y presión (medidas francesas) por la mañana y por la tarde.

La temperatura mínima de Diciembre fue de -1º el día 25 y la máxima de 13º el día 15.

La mínima de Enero fue de 1,5º el día 1 y la máxima 13º a los que llegó el termómetro los días 16, 17, 20, 21 y 22.

El día más frío de Marzo fue el 1, con 8º de máxima se alcanzó los días 14 y 17.

 

No obstante Fontán en dicha Cátedra no se encontraba cómodo, por ello el 2 de Julio de 1919 remitió al Rector y Claustro la siguiente instancia:

 

“El Sr. Don Domingo Fontán, con el respeto debido, hace presente a V.S. que en claustro de 6 de mayo último se ha visto la Real Orden del Supremo Consejo, por la cual,  con el motivo de la mutación de asignaturas según la variación de la enseñanza, dispuso Su Alteza que los catedráticos escogiesen y repartiesen entre sí las preferentes a cada Facultad.

El exponente hizo entonces presente a V.S. que por lo mismo que su asignatura primitiva de Matemáticas elementales iba a quedar vacante por la promoción de su poseedor Don José Rodríguez a una cátedra de Astronomía y la Dirección del Observatorio de la Corte, estaba pronto a volver a ella dejando la de Física experimental, que el claustro le señaló en San Lucas para conservar al catedrático más antiguo la asignatura única de Matemáticas.

En el día, dando parte de la posesión de su destino el Sr. Rodríguez, el exponente ruega a V.S. tenga a bien disponer que se le conserve su cátedra, pues es la misma que, previa oposición, le fue concedida por S.M., y no es justo se le obligue a enseñar una ciencia que, aunque análoga, dista mucho de ser idéntica con la que acreditó para merecer el nombramiento de catedrático propietario y perpetuo que a la piedad de S.M. ha debido.

Dios guarde a V.S. muchos años. –Santiago, claustro de 2 de Julio de 1819.”

 

En ese año de 1818, por encargo del Ayuntamiento de Santiago, del que fue elegido Concejal, se hizo cargo de la Junta de Repartimiento de Tributos y Estadística de la entonces provincia de Santiago cuya función consistía en el reparto de la contribución territorial que ordenó el Gobierno bajo el Ministerio de Martín Garay, misión que le ocupó hasta el año 1820. El desempeño de dicho puesto le llevó a la determinación de emprender los trabajos para levantar la Carta Geométrica de Galicia, pues según afirmaba en el Congreso de los Diputados el 10 de Mayo de 1838 “La Carta Geométrica de un Reino es el primer paso que hay que dar para formar su estadística; de él se procede a la de cada provincia, enseguida a la de cada partido,  luego a la de cada pueblo”.

 

También en el citado año 1818, se le requirió por la Junta Superior de Estadística de La Coruña para que colaborase en la formación de la estadística de Galicia, prohibiéndole que renunciase a su cargo en la Junta de Repartimiento de Tributos de Santiago que desempeñaba gratuitamente en representación de Valle del Salnés. Con ocasión de tal encargo tuvo la oportunidad de conocer al Licenciado en Leyes, Político, Militar y Cartógrafo, José Dionisio Valladares Gómez (23 de Junio 1787, Santa María de Graba –Silleda 24 de Marzo 1864) quien por esas fechas realizaba funciones para dicha Junta Superior de Estadística.

 

A José Dionisio Valladares nos referimos al comienzo de este artículo como abanderado del Batallón Literario de la Universidad de Santiago, y héroe de la Batalla de Alba de Tornes, fue Juez interino del Barco de Valdeorras de 1820 a 1823, Diputado a Cortes por la Provincia de Orense de Noviembre de 1837 a Junio de 1839, Intendente de la Provincia de Lugo en 1840, de la de Zamora en 1844 y Gobernador Civil de Orense de 1849 a 1850.

 

Fontán a su pesar, el curso de 1819-1820, siguió asistiendo a dicha Cátedra de Física Experimental. Sin embargo como consecuencia del Pronunciamiento del Comandante Rafael del Riego en Cabezas de San Juan el 1 de Enero de 1820 e implantación del Régimen Liberal, por Decreto de 6 de Agosto de ese año, volvió a tomar vigencia el Plan de 1807, regresando Fontán a su cátedra de Matemática Sublimes.

 

En el año 1821, Fontán se incorporó a su nuevo destino como Secretario de la Diputación Provincial de Galicia con sede en La Coruña, por lo que no pudo impartir el curso de 1820-1821 de su cátedra de Matemáticas Sublimes en la Universidad de Santiago, por ello lo inició Benito Ángel Sotelo Rivas (Santa María del Camino 7 Abril 1796 – Santiago 9 Diciembre 1874), quien el 11 de Junio de 1819 obtuvo el grado de Bachiller en Filosofía, y en el curso de 1819-1820 se matriculó en la Academia de Medicina, obteniendo el título de Bachiller el 26 de Junio de 1823 y la Licenciatura el 17 de Diciembre de 1825, ejerciendo como Médico del Monasterio de Santa María de Sobrado en 1829. Ayudó a Fontán en los trabajos de su Carta, levantando un mapa de la zona circundante de Santa María de Sobrado, Coruña. En los cursos académicos de 1832-1833; 1833-1834; y 1834-1835 sustituyó a Fontán en la Cátedra. En 1836 fue Director de Náutica y Comercio de la Escuela de La Coruña, así como Director del Observatorio de La Coruña; en 1858 publicó las observaciones meteorológicas del Real Consulado Marítimo de La Coruña.

 

Como decíamos, Sotelo Rivas, era el encargado de Cátedra en su ausencia o enfermedad, sustituciones que se efectuaban con conocimiento del Claustro pero no de manera oficial.

 

Como las ausencias de Fontán se presumían de más duración, tratando de legalizar la situación de su ayudante de Cátedra, lo propuso el 14 de Diciembre de 1820 para que se le otorgase la sustitución de la Cátedra, pero el Claustro eligió para tal fin al Bachiller Ramón Manuel Rodríguez.

 

Domingo Fontán impugnó el acuerdo del Claustro por dos ocasiones alegando duplicidad en el cargo del sustituto Ramón Rodríguez en un clima tan agrio que el Doctor Manuel Rufo Fernández presentó al Claustro una exposición para que se separara a Fontán de los instrumentos geodésicos que José Rodríguez González en 1817 adquirió en París para el Gabinete de Física de la Universidad que según anunciaba la Gaceta de Madrid de 4 de Julio de 1818, se componían de un círculo repetidor de Borda de 17 ½ de diámetro construido por Gambey, un nivel con anteojo y montura, un péndulo de segundos construido por Breguet y un metro de cobre subdividido en milímetros, instrumental del que Fontán se encargaba de su cuidado y utilizaba en los trabajos de su Carta Geométrica.

 

El Claustro acordó oficiar a Fontán para que por si o por persona de su confianza, los entregase inmediatamente, la contestación de Fontán debió ser dura, pues el Claustro comisionó a los Doctores Domingo Cortés y Sebastián José Suárez para requerírselos en presencia de inventario. El 17 de Febrero de 1821, Fontán comisionó al citado Catedrático de Derecho Canónico, Domingo Cortés para que en su nombre devolviera a la Universidad dicho material geodésico que fue recibido por el Doctor Herrera y Suárez, quedando así separado de la Universidad y de su material geodésico;  incidente éste, que en poco afectó a los trabajos de su Carta, pues Fontán contaba con los instrumentos que su maestro Rodríguez, respondiendo a su encargo, le había traído de París, además de los que en su día mandó construir a los hermanos José y Domingo Lareo Quintela.

 

Fontán ocupó dicho puesto de Secretario hasta el 28 de Mayo de 1823, en que dejó de funcionar la Diputación Provincial de La Coruña creada al extinguirse la Diputación Provincial de Galicia, ello como consecuencia de la entrada en España de los llamados “100.000 hijos de San Luis” que dio fin al “Trienio Liberal”.

 

Restaurado el Gobierno Absoluto, por Decreto del Rectorado de la Universidad de 18 de Octubre de 1823, Fontán fue suspendido “de la enseñanza y de voz activa y pasiva en el Claustro”, ello de conformidad con la Orden de la Regencia del Reino de 23 de Julio de 1823,  por el hecho de “haber servido la Secretaría de la Diputación Provincial de La Coruña”.

 

Fontán permaneció separado de su cátedra de Matemáticas Sublimes a pesar de haberse sometido a juicio de purificación en dos ocasiones ante la Junta de Purificación de Santiago, creada el 25 de Mayo de 1825 de conformidad con la Real Cédula de 1º de Abril de 1824.

 

Las múltiples excepciones del Real Decreto de 1 de Mayo de 1824, mal llamado de indulto y perdón, impedían tal purificación.

 

Por ello, presionado por su amigo Antonio Lóriga y Reguera decidió viajar a la Villa y Corte en los primeros meses del año 1826 para solicitar en el Despacho de Gracia y Justicia su purificación.

 

Llegado a Madrid, recurrió a su compañero de estudios y amigo de la infancia, quien fue Rector de la Universidad de Santiago, José Lamas Pardo, quien en esas fechas ocupaba el puesto de Oficial 2º Mayor de la Secretaría del citado Despacho de Gracia y Justicia y al presbítero Sebastián de Miñano y Bedoya, (1779-1845) con quien había colaborado en su Diccionario Geográfico y Estadístico de España y Portugal, que entonces publicaba, quien le presentó a diferentes individuos de la Real Academia de la Historia, al Secretario de Estampilla y Ayudante de Cámara de S.M. Juan Miguel de Grijalva (1766-1833)y al Ministro de Hacienda, Luis López Ballesteros (Villagarcía de Arosa 21 Junio 1782 - Madrid  3 Octubre 1853)

 

Con el apoyo y recomendación de éstos, por Resolución acordada por el Consejo de Estado y Despacho de Gracia y Justicia, se resolvió el expediente de Fontán acordando remitir a la Junta de Purificación de Santiago la Real Orden de 26 de Agosto de 1826 firmada por Tadeo Colomondre que trascribimos:

 

“Dada cuenta el Rey N.S. del expediente de Don Domingo Fontán, Catedrático de Matemáticas Sublimes de la Real Universidad de Santiago, declarado impurificado en primer y segundo juicio y enterado de los informes así como de los documentos presentados y de los que produjo nuevamente dicho catedrático en el Ministerio de su cargo ha venido S.M. a Purificarlo”.

 

El 13 de Octubre de ese año de 1826, Fontán recibió el Diploma de Socio de la Real Academia de la Historia.

 

También en ese año de 1826, por Acuerdo de la Real Audiencia de Galicia se le encargó efectuara los trabajos para la división judicial y municipal de Galicia, que realizó con la apreciable colaboración de José Lamas Pardo, coordinador de ese Proyecto llamado de División en Corregimientos o Alcaldías Reales. Fontán compaginando estos trabajos con los de su Carta Geométrica, efectuó los croquis de los partidos, de ellos se conserva en el Museo de Pontevedra el plano impreso del Corregimiento de la Cañiza  dividido en Alcaldías Reales en escala de 2 leguas.

 

El plan de Corregimientos de Galicia fue un proyecto que debía servir de ensayo para la futura división territorial de España. La mitad occidental de la Carta Geométrica de Galicia concluida entonces fue la única e imprescindible referencia para apoyar este trabajo que se culminaría El Real Decreto de División Territorial de España de 30 de Noviembre de 1833.

 

Fontán se incorporó a su Cátedra que impartió en el curso de 1827 – 1828 asistiendo como discípulo a la Cátedra de su primer año de Derecho Romano, así como a la Academia Dominical de Leyes, recibiendo el título de Bachiller en Leyes el 24 de Diciembre de 1828. En ese año concluyó su formación académica obteniendo los títulos que resume en su autobiografía:

 

“A los 12 años empezó el curso de Filosofía en la Universidad de Santiago; allí concluyó esta carrera y la de Teología, Leyes y Cánones, recibiendo los grados de Bachiller en todas ellas, y los de Licenciado y Doctor en las dos primeras”.

 

En ese año de 1828, el 12 de Septiembre en compañía de Alejo Andrade Yáñez, midió la Base del Corgo dentro de las operaciones geodésicas de su Carta Geométrica.

 

El curso 1829 – 1830 compaginó los trabajos de la Carta con su Cátedra, además de dar cumplimiento a una Real Orden de 3 de Abril de 1829 por la que se le encargaba que en su Carta Geométrica debía trazar los proyectos de las carreteras que hubiesen de abrirse en Galicia.

 

En ese año también solicitó la ayuda del Gobierno para concluir la obra, que hasta entonces por su cuenta y riesgo efectuaba, pues los trabajos planimétricos del levantamiento de la Carta Geométrica de Galicia producía recelos de las autoridades locales, pues a pesar de la discreción con que se llevaban a cabo, evitando los pueblos y pernoctando en chozas miserables, los colaboradores de Fontán eran sometidos a vigilancia por la Superintendencia de la Policía Fernandina y con sobrada razón, en aquellos años de durísima represión política, nadie quería ponerse en evidencia.

 

Desde primeros de Mayo a últimos de Noviembre, Domingo lo emplea en el reconocimiento y triangulación de la actual provincia de Pontevedra y de la parte occidental, concluyendo solo la parte correspondiente a los Juzgados de Redondela, Vigo, Tuy, Puenteareas, la Cañiza, Ribadavia y Carballino, contando solo con la colaboración de José Dionisio Valladares Gómez, quien le ayudó a levantar numerosos croquis en los meses de Mayo y Junio.

 

En otoño de 1829, Domingo pierde a todos sus colaboradores, acompañándole las últimas dos semanas del mes de Octubre su amigo el Arquitecto Ayudante de Caminos Domingo Lareo Quintela en el reconocimiento y triangulación de la Provincia de Orense.

 

La ayuda solicitada por Fontán para concluir su Carta Geométrica comenzó a evidenciarse a través de la Real Orden de 22 de Febrero de 1830 de la Inspección General de Instrucción Pública por la que se le eximía de asistir a la cátedra de Matemáticas. Por otra Real Orden del mes de Abril de ese mismo año se ordenaba a la Comisión de Hacienda que no negase a Fontán los libramientos que le correspondían con los que debía satisfacer el sueldo de su sustituto.

 

Sin embargo de poco le valió a Fontán que se le eximiese de asistir a su Cátedra, pues por Real Orden de 12 de Octubre de 1830 quedaron cerradas todas las Universidades de España y en particular la de Santiago mediante Oficio de Tadeo Colomonde, Ministro de Justicia de Fernando VII, así quedó Fontán libre de las obligaciones de su Cátedra durante los dos años que estuvo cerrada, dedicándose a los trabajos geodésicos de triangulación de Galicia, sin necesidad alguna de que la Dirección General de Instrucción Pública le otorgase licencia alguna. No obstante durante ese año, cumpliendo un encargo de la Audiencia de Galicia colaboró con su amigo José Lamas Pardo en el arreglo de los Corregimientos.

 

Por Real Orden de 7 de Octubre de 1832, se reanuda la docencia en todas las Universidades españolas, sin embargo Fontán no se reincorporó a su Cátedra, pues continuó con los trabajos geodésicos de su Carta durante el resto del año 1832 y siguiente, dejando de sustituto a Ángel Sotelo Rivas, esta vez sin oposición del Claustro.

 

El 29 de Septiembre de 1833, falleció Fernando VII, ocupando la regencia de su hija menor de edad Isabel II, la Reina madre, María Cristina de Borbón última esposa del Monarca.

 

El 10 de Diciembre de 1833, desde Santiago, Fontán escribía a su hermano Andrés, en Noya:

 

 

“….. En este correo, tuvimos aviso de Luis Pose de que él y yo estábamos nombradas por S.M. para servir las cátedras de Química y Mecánica Aplicada de las Artes correspondiéndome a mi la última, ambas tienen una dotación de 12.000 reales y deben establecerse en esta Ciudad, bajo la autoridad del Ayuntamiento por ahora. Soy deudor de esta gracia al Sr. Don Luis López Ballesteros que dijo al Director del Conservatorio hiciese a mi nombre el honor de proponerme…”

 

En esa carta Luis Pose comunicó a Fontán el contenido de la Real Orden de 1 de Diciembre de 1833, por la que la Reina Gobernadora María Cristina de Borbón, estableció dichas enseñanzas en Santiago a cargo del Ayuntamiento, mientras no se restableciese la Sociedad Económica de Amigos del País creada en Santiago el 15 de Febrero de 1784, y sin apenas  actividad desde 1790.

 

La Sociedad Económica se restableció en Junta de 28 de Diciembre de 1833, a la que asistió Fontán nombrándose a los miembros de su Junta directiva al día siguiente.

 

Ambas cátedras se inauguraron en Abril de 1834, aunque Fontán apenas pudo participar de este proyecto por encontrarse en esas fechas terminando su Carta Geométrica para presentarla en la Villa y Corte cubriendo su ausencia su ayudante Benito Ángel Sotelo Rivas como ya tenemos expresado.

 

Luis Pose Varela (¿? 1790 Santiago  - 16 Febrero 1856), fue discípulo de Rodríguez  en su Cátedra de Astronomía del Observatorio de Madrid en el curso 1822 – 1823 y la Cátedra de Física de la Universidad de Santiago en 1830, Rector de esa Universidad en 1839 y 1841 y elegido Diputado a Cortes por la Provincia de La Coruña en las elecciones de 22 de Octubre de 1836; 22 de Octubre de 1837; 24 de Julio de 1839; 19 de Enero 1840 y 1 de Febrero de 1841.

 

El 22 de Mayo de 1834, en cumplimiento del artículo 7º del Real Decreto de División Territorial de 30 de Noviembre, se encargó a Fontán la redacción de una memora sobre la formación de los planos topográficos de las provincias y Carta General del Reino, que en cumplimiento de lo ordenado, presentó concluida.

 

El 25 de Septiembre, se dictó Real Orden procedente del Ministerio de lo Interior por la que a efectos de que Fontán pudiese venir a la Villa y Corte para “asistir e ilustrar con sus observaciones los trabajos que se hayan de hacer para litografiar la Carta General que ha formado de las provincias de Galicia” según disponía otra Real Orden de 12 de Agosto de 1833, la Reina Gobernadora, acordó se disponga de los fondos necesarios para el pago de los haberes del sustituto de su cátedra de Matemáticas.

 

Fontán una vez concluido el dibujo de su Carta a lo largo de 1834, la presentó  el 1 de Diciembre  quedándose en la Corte hasta que a través de Real Orden de 19 de Febrero de 1835, dejó definitivamente la Universidad de Santiago al ser nombrado Catedrático de Astronomía y Director del Real Observatorio Astronómico de Madrid. Este Puesto lo ocupó hasta el 20 de Septiembre de 1840 en que la Junta de Gobierno Provisional de la Provincia de Madrid, le suspendió del destino, también provisionalmente, sin embargo, nunca fue repuesto y se convirtió en definitivo, al pasar a ser cesante por separación total del servicio el 21 de Septiembre de 1846, situación que se mantuvo hasta que se le concedió la jubilación en virtud de lo acordado en Real Orden:

 

 

“Ecmo. Sr.

 

El Ministro de Gracia y Justicia dice al Director de la Universidad Central lo que sigue:

La Reina q.D.g. accediendo a una instancia de Don Domingo Fontán, catedrático que ha sido del Observatorio Astronómico de Madrid, visto el Real Consejo de Instrucción Pública, se ha dignado a declararle jubilado de dicho empleo, con el haber que por dosificación le corresponda teniendo para ello en consideración los años de servicio que dicho profesor acredita en la enseñanza pública y la imposibilidad física en que se halla, de volver a desempeñarla. De Real Orden comunicada por el Sr. Ministro de Gracia y Justicia, lo trasmito a V. para los efectos consiguientes.

Dios guarde a V. muchos años.

 

Madrid, 14 de Marzo de 1852.

Subsecretario Antonio Escudero”.

 

 

 

 

César Camargo Sánchez

Vicepresidente

Fundación Domingo Fontán

Diciembre de 2015

 

La documentación e imágenes contenidas en esta web tienen TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS, para su distribución y/o comunicación pública por parte de personas ajenas a la Fundación póngase en contacto a la misma.